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Nos encontramos en el siglo XXII (2.161), el resto del mundo se encuentra gravemente contaminado por los gases tóxicos que inundan la atmósfera, y ya es imposible vivir en entornos muy cerrados o en los cuales hubo una gran concentración de habitantes, tales cómo capitales o ciudades grandes. Básicamente, se ha vuelto una decisión muy poco acertada salir al 'Mundo Exterior'. Lee mas.


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Huyendo de un vergonzoso primer día (¡Libre!)

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Huyendo de un vergonzoso primer día (¡Libre!)

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 19, 2014 7:01 pm

Finalmente llegaba a aquella academia. Hoy era su primer día. Aquella niña que tantas expectativas, esperanzas e ilusiones había dejado en su tía, la cual se las había arreglado para ingresarla en dicha academia, caminaba por los pasillos vistiendo su nuevo uniforme con la cabeza algo gacha, tratando de mantener las piernas lo más juntas posible y apretando su cartera contra su pecho, observando como una niña jugando a no pisar la lava el suelo por el que caminaba.
Alzó la vista hasta llegar frente la aula en la que, desde aquél momento, sería su clase. Infló su pecho de aire, dándose ánimos a sí misma, y abrió la puerta, entrando en aquella sala llena de bellas chicas que vestían sus uniformes y sonreían, charlaban entre ellas mientras esperaban que la profesora llegase para comenzar la clase.
La pelirrosa se sintió al instante abatida y frustrada, con una punzada de miedo clavarse muy lentamente en su frágil corazón. Su rostro enrojeció ligeramente. Nadie le prestaba atención, mas sentía que por el simple hecho de ser nueva, simplemente ella no encajaba. Se sentía muy lejos de llegar a ser aquello que esas personas tan bellas eran. Buen físico, una formidable personalidad... Sí. A ella también le gustaba mucho estar con sus amigas, con sus hermanas, con su tía... pero, ¿por qué aquél ambiente en la sala le daba a entender que todos ya se conocían menos ella? No le iba a ser fácil integrarse. Menos incluso siendo como ella misma es.
Así pues, sin siquiera saber si realmente podría tomar asiento, siendo aquella su primera vez nueva en algún lugar, no sabía si debería de haber ido antes a la sala de profesores o qué. 
Pronto llegó una maestra que la llamó a la pizarra nada más verla en un rincón sin saber qué hacer, y mandó a todas las chicas sentarse, las cuales obedientemente tomaron asiento y se silenciaron.
Con un tembloroso paso y tratando de mantener sus piernas lo más juntas posible, la pequeña chica fue dando inseguros pasos hasta estar donde la profesora le llamó, dándose la vuelta para ver a sus compañeras. Su rostro se mostraba rojo a reventar, sus ojos temblaban del miedo que le ocasionaba... no, más bien, la vergüenza que le ocasionaba el presentarse ante esas chicas. Esta vez, incluso, era peor, pues ahora la miraban.
Carraspeó un poco, y con una débil voz, comenzó a hablar.
-Y-yo... soy....um... Camelia...y...etto... Wonderland, perdón, Camelia Wonderland... y... um... y-yo... soy nueva... así que...- se mordió la lengua varias veces, a lo que agachó la cabeza y miró al suelo- Uh...y-yo... quisiera... llevarme bien con todas... S-sí. M-mucho gusto...
No podía evitar pensar que lo estaba haciendo mal. Todo lo que decía, seguramente, estaba haciéndolo mal. Un susurro la hizo morderse el labio inferior, sujetando con más fuerza su bolsa.
Temblando con violencia, un hipo desenfrenado comenzó a salir de sus labios mientras un húmedo líquido corría por sus rojas mejillas, cayendo sobre sus desnudas manos con las que sujetaba fuertemente la cartera. Tratando de ahogar aquello, muerta de la vergüenza que le suponía haberse puesto llorar por eso mismo, vergüenza, trató de mantener la mirada en el suelo para, que así, no notasen su llanto.
Pero era algo obvio que estaba llorando. La profesora le llamó la atención, preguntándole qué le sucedía y si se encontraba bien, a lo que la mandó a la enfermería a relajarse.
Salió con su mochila de la clase, tratando de secarse los lagrimones, tan grandes como su mano, que no dejaban de caer de sus perlados ojos, mientras miraba a todos lados. ¿Dónde se hallaría la enfermería?
Comenzó a caminar, tratando de contener el hipo de su incesante llanto, mientras el rubor permanecía en sus mejillas. No quería ser vista, no quería ser escuchada. Sólo quería cerrar los ojos y huir de todo aquél desastroso comienzo; ¿qué imagen habría dado al llorar por sentir vergüenza?
Abrió la puerta de la enfermería. La enfermera, naturalmente, acudió a ver qué pasaba a la desconsolada chica, la cual sólo respondió que no se sentía muy bien y si la dejarían descansar un momento allí. No quería que más personas supiesen sobre su bochornosa presentación.
Le dio luz verde a que pasase y le indicó una camilla, avisándole de que tenía asuntos que atender y más tarde volvería. Camelia ya no hablaba, sólo asintió y se adentró en la enfermería, despidiéndose con la mano de la mujer.
Tras quedarse sola, dejó su cartera en el suelo y se sentó en la cama, envuelta en suaves sábanas blancas de un muy agradable olor. Se acabó tumbando, envolviéndose en aquellas sábanas, y hundió su rostro en la almohada, cerrando sus ojos y deteniendo su llanto, seguido por, minutos más tarde, su hipo.
Y allí quedó, huyendo de su vergonzoso inicio en aquella academia como una cobarde, refugiándose en los recónditos de sus sueños. ¿Qué pensarían su tía y sus hermanas de ella si la viesen? Seguramente, ellas ya tuviesen muchos amigos...

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Re: Huyendo de un vergonzoso primer día (¡Libre!)

Mensaje por Invitado el Sáb Jul 19, 2014 11:36 pm

A Dwier no le gustaba que la clase de Educación Física fuera a la primera hora, en especial porque al ser PET de compañía, casi todas las beta se le acercaban a pedirle consejos, a que les ayudara, pero lo bueno de ese día en especial era que una AMA le había comprado por aquella clase. Es increíble los muchos atributos que se puede tomar una persona por la sencilla razón de haber ‘adquirido’ a otra. Aún así la rubia llevaba su uniforme impecable, con postura serena y sus ojos de un intenso fulgor verde mirando a la chica de su clase a la que ‘pertenecía’ por la hora. Escuchó sin mucho interés los “Cómo te envidio” y “A mí también me gustaría que Dwier fuera mía”, soltando un suspiro. Pero éste no era el momento de demostrar su cansancio ante aquellas situaciones que se habían convertido en su cotidiano vivir, sino era tiempo de enseñar lo mejor de sí misma a ver si podía impresionar a una que tuviera alguna de las características que estaba buscando para surgir; por lo que sonrió hacia donde estaba su AMA de turno y se acercó a ella, acomodándose de forma sensual el cabello, peinándoselo con sus finos dedos en una cola alta mientras hablaba del clima y demostraba un falso interés en lo que la otra chica había tomado de desayuno. Aburrida. Hipócrita. Insensible. Dwier la toma con dulzura mientras la ayuda a calentar y estirar, con manos cálidas y tiernas, manos expertas que parecen haber sido diseñadas para el cuerpo de aquella AMA y eso es lo que todas creen, que encajan a la perfección con la rubia, que son la mejor pareja de la clase y que nadie podría superarlas; ¿y es que alguien que no esté realmente interesada en la otra le traería el agua con aquella sonrisa, le daría una toalla o se agacharía de la forma en que ella lo hace para abrochar los cordones? La mejor PET de compañía. Nadie podría imaginarse que está siendo seducida por su propia visión de perfección: una fantasía.

La instructora entonces separó a la clase para hacer diferentes deportes, tocándole a la golondrina voleibol, un deporte básico y sencillo que podría no tener complicaciones, a no ser que te toque un AMA brutísima. No pasó ni un minuto cuando empezó lo que más temía la rubia, corriendo impulsada por el reflejo de su intuición justo cuando vio el balón dirigirse directamente a la cara de su AMA. Estiró el brazo dando un salto para recibir el impacto sobre su muñeca, dibujándose una mueca de dolor sobre sus finas facciones y a pesar de sus protestas la enviaron a la enfermería. Dwier besó la mejilla de la chica a la que protegió y le susurró al oído un “Sé más cuidadosa” antes de irse. Lo más probable es que de ahora en adelante recibiría más de cinco peticiones para convertirse en la PET de otra, pero no era suficiente; las mejores, aquellas con mayor dinero e influencias, no se dejaban impresionar por ese tipo de cosas, generalmente buscaban PET de combate, es decir, una posible guardaespaldas. Su sonrisa se transformó en una línea delgada al fruncir los labios camino a la enfermería. ¡Cómo odiaba esta sociedad! ¡Cómo se odiaba a sí misma por ser parte del engranaje que hacía funcionar esta corrompida máquina!

Al llegar no encontró a la enfermera, cosa realmente curiosa, pero lo que llamó su atención fue la figura que estaba cobijada entre sábanas. Era una estudiante, eso seguro, tan pequeña y frágil, notándose su respiración calmada… Quizás está durmiendo, pensó de inmediato la golondrina, sin dar por hecho nada. En silencio se acercó a la cama. No la había visto antes en la academia, habría recordado aquel pelo largo. Con sutileza pasó sus dedos por los cabellos rosados de la joven, notando lo sedoso que estaban, deteniéndose un segundo para acariciar la piel de su nuca. No podía ver su rostro y el misterio se le antojaba despreciable, por lo que se acercó más y retiró con ternura sus cabellos peinándolos detrás de su oreja. No parecía tener fiebre, aunque tampoco iba a despertarla por lo que se sentó en la cama al lado de la de ella, dejando descansar la mano lastimada sobre su rodilla. Se le había puesto un poco más roja la muñeca y se estaba inflamando, aunque no se veía muestra de dolor en el rostro tranquilo de Dwier, ¿había sido mentira aquella mueca que enseñó en la clase de Educación Física luego de recibir el golpe?

Off: Espero que no te moleste que lo haya respondido yo xD

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Re: Huyendo de un vergonzoso primer día (¡Libre!)

Mensaje por Invitado el Dom Jul 20, 2014 10:34 am

Los sueños eran los únicos caminos para huir de la vergüenza que sentía, ¿por qué, para empezar, estaba llorando?¿Por qué se sentía tan humillada? ¿Qué le habían hecho? Era egoísta por su parte el comenzar a llorar por presentarte a los demás. Cosas como el qué pensarían de ella ahora, cómo debería actuar cuando volviese a aquella aula... Le causaba asfixia. Como buscando ahogar todas aquellas sensaciones de inseguridad, hundía su rostro en la suave y cómoda almohada, haciéndose pequeña bajo aquellas blancas sábanas.
Refugiarse en un sueño era lo más cobarde que había hecho hasta ahora, y sin embargo, que el tiempo pasase y no notarlo mientras duermes era algo tan satisfactorio. Así, quizás, si dormía mucho tiempo, nadie recordase que ella estaba en aquél lugar, y podría volver a empezar de cero.
 Camelia respiraba el suave aroma de las sábanas y la almohada limpias, mientras su mente vagaba lejos de allá tras sus cerrados párpados. Una extraña sensación de nostalgia comenzó a, suavemente, acariciarla. Se despertó poco a poco, negándose a abrir los ojos y despegarse de aquella agradable almohada. Sentía cómo su cuerpo le pesaba a causa del haber dormido, ¿cuánto tiempo habría estado dormida?
Sin abrir sus ojos, se movió un poco en aquella camilla sobre la que estaba tumbada, haciéndose una bolilla bajo las sábanas y sacando su rostro de la almohada, hundiendo ahora su oreja en la misma y mirando a un lado, tapándose más incluso con la sábana.
Negándose a abrir los ojos, llevó la mano con la que había alzado la sábana hasta por encima de su cabeza a frotarse los ojos. Poco a poco, los fue abriendo, observando aquél blanco manto. 
Sus perlados ojos lo observaron con detenimiento. ¿Dónde estaba? Como si una espesa niebla hiciese acto de presencia, no recordaba nada... Oh, sí, debía ir a clases, ¿no?...
Alzó un poco las manos destapándose e irguiéndose un poco, tapándose la boca con una de sus manos para bostezar, encontrándose con que no estaba en su habitación. ¿Dónde estaba?
La niebla de su memoria se fue disipando conforme paseaba sus entrecerrados ojos somnolientos por la enfermería, sonrojándose ligeramente al recordar el por qué estaba allí. Su uniforme, al haber estado durmiendo con él puesto, estaba un poco arrugado. Se sentía mal, cobarde.
Se percató entonces de la presencia de una muchacha de cabellos dorados y ojos tan verdes como las hojas de los árboles en un frondoso bosque. Tartamudeó un par de veces, enrojeciendo de un tirón como si se hubiese convertido en un tomate. Comenzó a sentirse avergonzada, y culpable también, ¿necesitaría ella la camilla? 
Abrió y cerró la boca un par de veces, sin saber qué decir, mientras paseaba su vista por la chica, hallando entonces su muñeca hinchada y colorada. 
De un salto se levantó de la camilla, buscando por una enfermera de la cual no había ni rastro, recordando entonces que tuvo que ir a atender unos asuntos. 
Finalmente, tragándose toda aquella vergüenza y tratando de pronunciar lo mejor que pudo cada uno de los vocablos sin morderse la lengua, se giró a la joven herida. Sus ojos reflejaban duda, preocupación, vergüenza... Una marea de sentimientos.
-Te...¿te duele mucho?...La... la enfer- enfermera salió, a-así qué.. no... n-no tardará en volver...-hablaba lentamente, tratando de ser educada y que no se asustase o riese de ella la desconocida-y-y... b-bueno...No puedo decirte que te ayudaré... p--porque... yo no sé mucho... y...p-podría hacerte daño... pero...pero...- temblaba un poco. ¿Cuánto pensaba su cuerpo temblar ese día?-y-¡y-yo podría ir a buscar a la enfermera para que te tratase! No sería bueno que dejases que empeore...
 No sabía qué hacer. Era lo cierto. Estaba confusa, ¿cuánto llevaría allí la muchacha? No sabía mucho de lesiones, ni siquiera cómo se deberían de tratar, así que era cierto que no iba a intentar vendarle porque podría dejar las cosas peor. Siempre se arrepentiría de no haber querido dejar que su madre le enseñase sobre eso después de todo lo demás que le enseñó.
Se acercó a la puerta, asomándose para ver si la enfermera estaría por ahí. Una idea algo tonta de la cual se avergonzó aún más.
-B-bueno, realmente no sé dónde puede estar la enfermera, si soy sincera...lo siento...
Entrelazaba los dedos de sus manos y jugaba con ellos del nerviosismo. Sí, estaba nerviosa. Agachó un poco la cabeza, bajando el tono de su voz conforme hablaba, susurrando aquél leve lo siento. ¿Qué debería hacer? No quería que aquella joven estuviese sintiendo dolor y que su herida sólo empeorase por que ella fuese tan despistada. Aunque, viéndola, su expresión no parecía la de estar ahogándose en agonía. Se mordió la pelirrosa la lengua para dejar de hablar. Quizás ella no fuese de mucha ayuda para la contraria, lo que la hacía sentir algo culpable e inútil.

Off:No, no, para nada, no me molesta, estoy feliz de que me hayas respondido, ¡gracias! nwn

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Re: Huyendo de un vergonzoso primer día (¡Libre!)

Mensaje por Invitado el Mar Jul 22, 2014 1:33 am

Era de cierta forma agradable encontrarse de lleno con tanta inocencia. Dwier la observó en silencio unos minutos, como celadora de la cárcel de sueños, preguntándose qué es lo que la motiva para quedarse al lado de ella mientras notaba que nacía la protección de forma natural y voluntaria, no como siempre que se trata más bien de un instinto que fue arraigado en su cerebro. No, era diferente, totalmente diferente. Se sorprendió a sí misma sonriendo cuando la ve moverse hasta que logró ver las tiernas facciones de su rostro por una fracción de segundo antes de que volvieran a quedar cubiertas, esta vez, con las sábanas. Apenas una niña. Por vez primera en aquella universidad sus mejillas se sonrojaron levemente al ver la pequeña bola en la que se había convertido aquel fino cuerpo. Demostrando una paciencia desmedida esperó a que se desperezara, no perdiendo detalle de sus movimientos somnolientos; el bostezo sin lugar a dudas descartaba la suposición de que la joven damita estuviera ahí por fiebre o una enfermedad, tal vez era de aquellas que se saltaba las clases e iba a la enfermería con una excusa para poder dormir en paz. Pero apenas se formuló tan disparatada hipótesis la rechazó, ya que en el fondo sabía que un rostro que reflejaba tan apabullante sinceridad no podía echarse al mismo saco que esa gente.

Dwier sonrió al ver el rostro de la pelirrosa mirándola fijamente. Por fin pudo deleitarse con los detalles de su cara y el brillo de sus perlados orbes. Quería confortarla y darle un abrazo, tocar su piel y… ¡Detente! se ordenó a sí misma cuando notó que sus propios pensamientos comenzaban a traicionarla, pero ¿de qué otra forma podía actuar cuando se encontraba de frente con una chica que parecía ser la reencarnación de la verdad? La golondrina al ser educada para mentir no podía sentir otra cosa que envidia y al mismo tiempo admiración por la jovencita. Entretenida observó la clara confusión de la joven al frente suyo con esa boquita abriéndose y cerrándose sin hallar las palabras adecuadas que decirle a la rubia. Podría parecer cómico pero Dwier no se río, sino que siguió esperando como si se tratara de una estatua, expectante. Se irguió al ver que la bella durmiente saltaba de la cama sin más y si no le fallaba la deducción podría jurar que estaba buscando a alguien, quizás a una amiga, se le notaba la preocupación en cada una de sus delicadas facciones cuando por fin la golondrina tuvo el privilegio de escuchar su tierna voz.

La PET se levantó mirándose la muñeca. Es verdad, debería poner cara de dolor, ¿cómo es posible que lo hubiera olvidado? Miró de nuevo a la pequeña entrecerrando los ojos con suspicacia. ¿Qué tenía ella que la había hecho olvidar algo como aquello? La podía ver temblar y el tartamudeo era más que evidente pero aún así Dwier no bajó la guardia, como si estuviera escaneando a una adversaria digna de cuidado. La vio acercarse a la puerta dejándola desconcertada al mencionar que se ofrecía voluntaria para ir a buscar a la enfermera - No… - la palabra en forma de murmullo se escapó de entre sus labios sin que su cerebro alcanzara a procesarla y es que realmente no quería que ella se fuera, que la dejara sola. ¿Por qué? ¡¿Por qué?!

- ¿Cómo te llamas? - preguntó relajada acercándose a la pelirrosa cuando ésta le confesó que ni siquiera sabía en dónde estaba la enfermera en esos momentos. ¿Por qué se relajó? Dwier sin pensarlo levantó el joven rostro con su mano buena y posó su propia frente sobre la de ella. La pequeña estaba roja por lo que la rubia se preocupó de que en verdad tuviera fiebre o algo parecido - Deberías descansar, pequeña. Da la impresión de que en cualquier momento te desmayarás - río por lo bajo y como si nada la tomó en brazos, colocando su mano algo hinchada por detrás de sus rodillas y la otra sobre su espalda antes de levantarla. Era ligera, como una pluma, y aunque ignoraba el dolor de su muñeca hizo una mueca cuando la dejó sobre la camilla -. Y no te preocupes tanto, un poco de hielo y estaré como nueva - mintió, sonriendo con ese carisma característico que siempre envolvía a la golondrina, aún sin separarse de la pelirrosa para después con ternura y suma lentitud sacar la mano que estaba por detrás de sus rodillas. Piel más suave no existía en el mundo -. Soy Dwier.

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Re: Huyendo de un vergonzoso primer día (¡Libre!)

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